...Sígueme, te llevo por los más escondidos rincones del Nido...



miércoles, 22 de octubre de 2008

Fragilidad


Qué frágil es la alegría.
Una palabra la eleva, otra la esfuma.
Siento frío y todo es gris,
nada más hace un momento que sólo había color.
©Paloma
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martes, 21 de octubre de 2008

El cuaderno de hojas secas (I)

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Los cuentos están hechos para los días grises, nublados, lluviosos. Para las noches frías, bajo la manta o al calor del fuego. Acércate, quédate sentadito a mi vera, niño del corazón triste, apoya tu cabeza en mi regazo, cierra los ojos...
Para Finwë Anárion

Ayer me acerqué a la higuera a buscar los últimos higos que van quedando, oscuros, abiertos, rezumando miel. Y rodeada por sus ramas, estirándome a un lado y a otro para alcanzarlos, de pronto oí una voz, apenas un murmullo entre el frotar de las duras y rasposas hojas del árbol.

No se entendían las palabras. Me quedé quieta y escuché... No, no, no... -decía la voz. Me acerqué un poquito más, casi sin respirar para no ser descubierta, y con gran sorpresa descubrí al enanito de piedra que me falta a la puerta de la casa, muy atareado anotando en un cuaderno de hojas silvestres secas. Canturreaba por lo bajo y negaba de nuevo. Estaba vestido de verde, pantalón y casaca, un gorro también verde adornado con un pompón en la cabeza y unas botas altas negras, botas mágicas de andar montañas en un sólo paso....

Concentrado en sus asuntos no se percataba de mi presencia que ya se me iba haciendo de lo más incómoda, aguantando a pulso en una posición un poco inverosímil por no hacer ruido. El cuerpo contra el árbol, el pie derecho en el aire sin acabar de pisar, y la mano del mismo lado agarrando una rama que me hubiera impedido ver al enano si no la hubiera retirado.

Cruzaban por mi mente mil ideas peregrinas que poner en práctica para escapar de la situación porque, a nada que me moviera, si el personaje era un cascarrabias (dicen que lo son y, además, traviesos) seguro que me hacía un encantamiento.

Continuaban sus canturreos y sus negativas. Parecía echar cuentas. Por fin, cierra su cuaderno y se alza en pie. Apenas medio metro, un orondo medio metro. Podría tratarse de un baloncillo con cara de enano... jou jou jou

A pequeños pasos se dirige a la escalera que salva el terraplén desde la higuera hasta la casita, la rodea, parándose a observar minuciosamente cada pocos pasos. Le da una nueva vuelta y con cara de resignación se va alejando por el camino hacia arriba.


Llueve. El día gris no acaba de levantar y el hombrecillo de verde desaparece de mi vista poco a poco. ¿Lo volveré a ver? Voy deshaciendo mi escorzo detectivesco y escapando del abrazo recio de la higuera. Recojo la cestita de higos dulces como la miel. ¡Qué raro que no la ha visto en el suelo junto a él! Y desciendo con cuidado por la misma escalera, de ligeros peldaños, por la que ya lo ha hecho el hombrecillo.

Miro a un lado y a otro. No, no está. Me marcho pero yo he de conocer el secreto de ese cuaderno. Volveré.
... Continuará...


©Paloma

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sábado, 18 de octubre de 2008

Sin ti


Acompasada a tu paso, no encuentro mi ritmo.
Sin ti mis pies, desorientados, no saben cuál va primero, cuál detrás.






Un, dos, caminando por la senda.
Tic, tac, tu corazón, mi corazón.
Un tesoro esconden tus manos,
cinco palomas guardo yo.


Llueven las hojas doradas sobre nuestras cabezas mientras se asoman los duendes al oirlas chascar. Curiosas, las hadas salen de entre las cortezas alegrándose de vernos y en la cara nos besan.

Todo habla. Habla el cielo, hablan los grajos, hablan las nubes al deshacerse. Hablan las piedras, las matas, el río, la umbría, la tierra, la víbora herida... Habla el silencio a mi alrededor.


Un, dos, caminando por la senda.
Tic, tac, tu corazón, mi corazón.
Un tesoro esconden tus manos,
cinco palomas guardo yo.

©Paloma

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jueves, 16 de octubre de 2008

Recuerdos

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©Paloma


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lunes, 6 de octubre de 2008

Anuska y los duendes


Había una vez una niña pequeñita que vivía en un bosque, con su papá que era leñador y su mamá que tenía una tahona en la que hacía ricos panes, bollos, pastelillos y tartas. También mallorquines (risas del público y el narrador). La niña solía salir a jugar por el bosque y su mamá le ponía algún panecillo como merienda.

Como todos los días salió, internándose entre los árboles. Se fijó en uno, grande y con un gran hueco por el que metió la cabeza y saludó.

-Holaaaaaaaaaa

-Holaaaaaaaaaa, le respondió una voz desde abajo.

La niña se sorprendió. ¿Será el eco? Y repitió: -Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Y esta vez la voz tardó un poco más pero saludó del mismo modo y con fuerza: -Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Un poco asustada, sacó la niña la cabeza del interior del árbol y continuó caminando hasta descubrir un agujero entre la maleza. Se asomó y comprobó que se trataba de la boca de una cueva y por ella fue entrando poco a poco al interior. Olía muy rico pues en el centro de la misma una gran olla cocía exquisita sopa. Tenía hambre y la sopa olía tan bien que cogió un plato hondo y una cuchara y se sirvió una buena cantidad. Sacó el panecillo de la bolsa y se puso a comer.

Comenzó a sentir voces, pasos, ruidos... y fueron llegando seres de muy diversos tipos. Unos tenían alas, otros antenas, los había pequeños y más grandes. Se colocaron alrededor de la mesa porque querían comer. La niña los miraba un poco encogida esperando ver cuál era su reacción al encontrarla allí y comiendo de su comida. Sin embargo parecían no verla.

De pronto se percataron de que había un plato con sopa en la mesa.

-Alguien ha comido antes que nosotros, comentó el de las antenitas.

-Y también hay un panecillo mordisqueado, ¿quién habrá sido?, dijo a su vez el que tenía alitas.

-Soy yo, ¿no me veis?, dijo la niña. Soy yoooooooooooo...

Pero no la veían. Uno, más gordito (risas del público), fue a sentarse en la silla en la que se encontraba la niña y notó algo extraño. Dijo al duende más viejo: -Creo que aquí hay algo aunque no veo nada.

-Ahhh, respondió éste, será un humano, los seres mágicos no los podemos ver. Para conseguirlo hemos de tomar un filtro. Lo bebieron y la niña se hizo visible a sus ojos.

-Holaaaaaaaaa, ¿cómo te llamas? Exclamaron a coro.

-Soyyyy... (bautizó rápidamente el narrador) Anuska .

Y se enfrascaron en animada charla. La niña dijo que su papá era leñador y su mamá (tahonera, dijo una voz desde el público) (risas)... tahonera. Hablaron de los humanos, de las hadas, de que no podían verse unos a otros porque sus mundos eran ocultos para los demás pero hubo una ocasión en que un hada, llamada (rebusca el cuentacuentos en su mente)... mmm... Gildaberta (-Gilda-, dijo una niña) ( risas), se enamoró de un humano y se casó con él y por eso Anuska podía verles ya que era descendiente de ese hada.

Estaban muy a gusto en tan animada conversación pero la niñita recordaba cada vez más a sus papás y quiso marchar ya de vuelta a su casa. Salió por la boca de la cueva escondida entre la maleza, atravesó el bosque en sentido inverso pasando delante del árbol con el tronco hueco y cuya voz respondía desde lo profundo a los saludos y, poco a poco, fue llegando a su cabaña donde esperaban los papás, que estaban muyyyyyyy preocupadossssssssss.

-Mamá, papá, soy Anuska, ¡¡estoy aquí!!

-Hija mía, qué preocupados nos has tenido! Pero ¿dónde has estado metida?

Ella se dio cuenta de que grandes arrugas de preocupación surcaban el rostro de sus padres.

-Pero ¡si sólo he faltado una tarde! Me encontré con un árbol que hablaba y una cueva donde viven los seres mágicos de donde salió mi tía Gilda-berta... y así fue narrando a sus papás lo que había visto y le habían contado.

-Hija mía, no has faltado una tarde sino una semana. Y la abrazaba fuerte con mucho cariño pero con seriedad para que no lo volviera a hacer nunca más.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

©Finwë Anárion

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sábado, 4 de octubre de 2008

Inevitable

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Puntuales a su cita, casi siempre a primeros de Octubre, han llegado los ejecutores de la sentencia que condena cada año a mis pobres árboles a ser mutilados sin piedad mientras el torrente de savia aún es fuerte en sus venas vegetales. La causa, evitarse el ayuntamiento el trabajo de recogida de hojas secas que los pobrecillos van perdiendo cada día como corresponde a su naturaleza no perenne.

La naturaleza de todo ser vivo es buscar la eficiencia, el menor costo y esfuerzo, pero el hombre no tiene en cuenta generalmente al mundo que le rodea, algo que como "ser superior" debería preocuparse de llevar a cabo a conciencia. Aunque no sea tiempo de poda, quitémonos trabajo. Las motosierras terminan en un abrir y cerrar de ojos con las verdes copas de hojas enormes que nos son tan necesarias para oxigenar el planeta, para arropar nuestro mundo de cemento y hormigón, para no sentirnos tan desnudos como ahora. Desnudos y fríos porque además hoy hace un frío de caray.

¿Y lo precioso que se ve todo alfombrado de hojas doradas? ¿Y deleitarse observando cómo van quedando apiladas en montones, arrinconadas por las turbulencias de aire? ¿Y cómo vuelan, ahora aquí, ahora allá? ¿Y lo bien que chasquean al ser pisadas y el gusto que da hacerlo? ¿Y las aventuras que pueden imaginar los niños en esta época?

Caxis... y encima hay que conformarse.

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©Paloma


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miércoles, 1 de octubre de 2008

Y yo me pierdo


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Y yo me pierdo y pierdo siempre

en ese tira y afloja en que me sumes,

en el que un momento soy y soy nada luego;

en el que me das cebo, como a tus peces del río,

para luego cortar sedal y dejarme el anzuelo clavado,

que tengo que quitarme sola.

©Paloma
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martes, 30 de septiembre de 2008

Y brotaron

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Y brotaron mis palabras a borbotones. Vivaces, saltarinas, alegres, confiadas, ingenuas.

Y no encontraron suelo, ni mar, ni recipiente alguno que quisiera contenerlas.

Cayeron y caen aún precipicio abajo sin que nada las detenga,

mientras yo las miro sin comprender, sorprendida.

Se agolpan en mi garganta las otras que las seguían

y, atascadas tras mis labios, no soportan la presión

y se aplastan sin remedio y desmoronan.

En mi corazón,

de donde salen todas y cada una de ellas,

duelen.

©Paloma
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lunes, 29 de septiembre de 2008

Corazón de nuez

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Voy a transformarme en corazón de nuez.
Tendré una cáscara fuerte que me proteja.
Mi cáscara será mi mundo, mi reducto, mi confin.
Nada tendré fuera de él.
No quieras entrar, no me pidas salir.

©Paloma

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Diálogo

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-Me quieres siempre a disposición, con mi piel limpia, con las carnes abiertas, entregada,
para satisfacerte en verme rendida.

-Te quiero así pero, espera, no te acerques tanto, que me asusto, no quiero tanta proximidad.
Soy un espíritu libre siguiendo pulsiones.

-Me quieres hollando tu rastro, cuidando tu sueño, velando tu risa para, una vez satisfecho,
olvidarte de mi sueño, de mi risa y de mí.

-Te quiero pero no eres nada. Deja que me esconda. Dáme todo de ti para que viva en tu reflejo.
Tú a cambio sólo a veces tendrás mi mano.

-Luego pretendes enmendar. Tan evidente tú. Tan tonta yo.
Y, lo peor, el Departamento de Quejas y Reclamaciones cerrado.


©Paloma

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domingo, 28 de septiembre de 2008

Porque no entiendo


Déjame entrar un momento.

Déjame que mire,

que lea,
que observe,
que palpe,

que huela.

Déjame obtener las huellas,

los rastros,
las sendas
por las que vienes y vas.

Déjame escuchar en el fondo
por si encuentro el código.

Porque no entiendo.

©Paloma

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Te lo aseguro

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Te lo aseguro, es un baile de caras.
Se acercan en solitario o en mareas, olas llenas de caras deslizándose,
y se alejan, regresan, quedan breves.
Te preguntas hasta cuándo.
Después se van, cambian rumbo, retroceden.
El viento puede más.
Son caras-hoja de otoño desprendidas del árbol que nos nace.
Y tú esperas la hoja siempre verde que no se suelte de él.
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©Paloma

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sábado, 27 de septiembre de 2008

Sentada a la puerta de mi vida

Sentada a la puerta de mi vida esperando el milagro que te traiga.

Van tejiendo mis dedos la guirnalda con que adornaré tu cabeza a la llegada. Diestra, con destreza adquirida en innumerables días. Minuciosa, engarzando los tallos de flores y enredadera, procurando no dañarlos, creando el lazo necesario para mantener su compostura. Frescas flores recogidas del jardín, de hermosos colores y deliciosa fragancia, todas aún cubiertas del rocío de la mañana. Ambrosías, azahares, tulipanes rojos...

Concentradas mis manos en su tarea automáta y primorosa, vuela la mente recorriendo el espacio. Más allá de las montañas azules que se divisan en lejanía, más allá de los lagos de altura, más allá de las nieves, más allá del frío y del invierno, de los caminos escarpados y los abismos... Más allá, buscándote. La espalda reposando en el muro protector de la casa y el sol delante derramándose en todo.

Como mi corazón anticipando el momento, resplandecen, ofreciéndose sin reparo al rayo del sol temprano y a mí, los claveles silvestres que crecen libres al otro lado del camino. La brisa los mece y ellos, con un suave contoneo, se dejan hacer, voluptuosos. Recojo pronta un ramillete, estás cerca ya. Añado cada clavel ensartándolo en su preciso lugar, alistando la ofrenda .

Pasa la mañana y llega el mediodía. El sol en lo más alto. Completada al fin la guirnalda, radiante de vida y color, descansa junto a mí sobre la hierba bajo la sombra del árbol que la proteje de la luz, que guardará su frescura hasta que la recibas.

Mientras, va viniendo despacio la tarde. Cambian colores y luces. Crecen las sombras. Aún hay tiempo. Un pensamiento fugaz se me ilumina dentro. Adornaré la entrada de la casa. Esparciré pétalos tiernos de diamela, de azucenas, y jazmines, blanda alfombra para tus pies cansados, dulce aroma para el alma. Ahora , con el rojo poniente, llegarás. Con las estrellas titilantes, con el ulular del búho, con la luna clara... Ahora llegarás.

Hace rato que la noche ha desplegado su negro manto y que el cielo se ha preñado de destellos. Luz de plata baña el aire que rumorea sobre la piel de la tierra y juega con mi cabello y se enreda en mi vestido. Los párpados cerrados. Caen lentas las amapolas blancas de los sueños y la nostalgia azul, que voy ya recogiendo en el vuelo de mi falda para remendarlos con mimo. Adelfas, alhelíes, anturios, claveles rojo, flores de ajenjo, tulipanes... Y me encontrará el nuevo día recogiendo flores frescas para componer otra guirnalda.

Mañana. Mañana vendrá el milagro que te traiga.

©Paloma

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jueves, 25 de septiembre de 2008

Grulla, mi garza real


©Paloma

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martes, 23 de septiembre de 2008

Disculpen las molestias


Mi grulla es una garza real.

Sí, mi grullita. Esa que voy persiguiendo desde hace casi un año. Esa, sí. Esa cuyo comportamiento grullil no era demasiado ortodoxo, pobrecita. Que no quería grano para comer ni el suelo para anidar, sino peces y un árbol, un árbol alto y frondoso. No lo era ni podía serlo, pobre, porque no era grulla, claro está.

Gracias a los últimos documentos fotográficos conseguidos y al conocimiento que este tiempo de contacto me ha permitido adquirir sobre ella y sus costumbres de alimentación y anidamiento... ejemm.. la he podido comparar con la grulla y... Caxis, no sólo eso fallaba. El pico, los ojos, el cuello... la cola... En fin...

Disculpen las molestias, los malos entendidos, los comentarios erróneos... Mi grulla es garza, pero no una garza cualquiera, nononono...

Mi grulla es una GARZA REAL... Ea!

©Paloma

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domingo, 21 de septiembre de 2008

Se va el verano


Se va el verano.

Me lo dicen los árboles de la orilla. Hace ya días que han comenzado a mudar su vestido del verde al dorado, dejando caer en delicada lluvia sus hojas ya secas. Las ráfagas de aire, cada día más fresco, las zarandean de aquí para allá mientras van, poquitas aún pero contínuas, salpicándose en el cristal profundo del río que discurre lento transportándolas a su espalda. Semeja un peregrinaje. ¿A dónde querrán ir? ¿Qué objetivo se marcan? ¿Qué horizontes por descubrir? Barquitos de oro, más livianos que una cáscara de nuez, iniciando un viaje de no retorno.

Se va el verano.

El cielo está gris hoy, dicen que lloverá. El nordeste se arremolina jugando entre mis piernas. Las recojo debajo de la silla mientras doy un sorbo a mi cortado. Intento atrapar el calor apretando la taza entre las manos y me encojo bajo la chaqueta un poquito. Echo en falta unas medias.

Se pierde mi mirada en el cauce de la corriente que diviso a tramos entre los huecos que dejan los árboles. Luego busco hacia arriba, en las ramas altas, por si estuvieran mis grullas. Empiezo a pensar que tienen su nido justo ahí, en un árbol concreto en que las suelo ver cada día. Otros pequeños pájaros bien protegidos con sus abriguitos de plumas revolotean y trinan saltando de una rama a otra entre el cada vez menos frondoso follaje.

Se va el verano.

Apenas me he dado cuenta de que había llegado y ya no está. Volví a encontrar a mi grulla en su principio. Tenemos una historia de amor entre las dos aunque no sé si ella, parte importante de la misma, conoce de su existencia. La he observado día tras día y he descubierto que son dos. No sé a cuál veo en cada ocasión ni cuántas veces veo a cada cual porque sólo en estos últimos días las he logrado encontrar juntas.

Conozco más sobre ellas pero no las distingo, ni sé si se pueden distinguir. Conozco su árbol donde descansan en la altura al abrigo de las miradas curiosas y desde el cual dominan el río, que se extiende sinuoso a sus pies. Deben ser una pareja. Y acabo de descubrir que mi grulla no es tal sino una garza real.

Se va el verano.

Me lo dice la luz que no encuentro al salir de trabajar. El día ya tan corto y que será pronto condenado aún a brevedad mayor. Apetece el sofá, la manta, el calor... y dentro de muy poco el chocolate caliente para cenar.

Se fue.



©Paloma

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domingo, 14 de septiembre de 2008

En guardia


Quiero tenerte delante.
Medir tu intención.

En guardia.
No huyas.
Desenvaina.

Mídeme.
Calibra.
Ataca.

No te fíes.
No soy débil.
Guárdate.

Voy a hundir mi espada en tu corazón.


©Paloma

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domingo, 31 de agosto de 2008

El río, un mundo

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miércoles, 20 de agosto de 2008

Hilos sueltos

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Un día he de coger todos los hilos que van quedando sueltos y los voy a ir ovillando a tu alrededor.

Comenzaré por tu cabeza, en torno a tu frente, una vuelta y otra y otra, lentamente. Cada vuelta rozando la anterior, ordenada, sin superponerse. Cada vuelta un pensamiento puro, luz, descanso de la mente, paz.

Y llegaré a tus ojos, rodeándolos, cuidadosa, cubriéndolos con los hilos que cierran tus párpados y te sumergen en la no-luz acogedora que te mece. Oscurecer luminoso y espiral que se cierne sobre ti y te protege del engaño de la visión para que percibas sólo mis manos y los hilos a tu alrededor.

Progresaré hacia tu nariz, a tus orejas, adaptándose el ovillo a tu perfil. Silenciando. Interiorizando los aromas y los sonidos, esencia del recuerdo que fluye por todo tu dentro y te recorre en oleadas. Filtrándolos, trayéndote aquello que, sin embargo, está cerca.

Y sellarán los hilos tus labios y tu boca en beso leve que te roza y acaricia, y acalla los lamentos. Que ahoga el gemido profundo de tu garganta desgarrada por mil llantos de mil noches de querer huir. Hilos amorosos y metódicos. Vueltas acompasadas, una, otra, en rítmica cadencia.

Y circundan los hilos tus hombros y a poquitos te abrazan y acogen, sosteniéndote pues ahora ya no tienes que luchar. Avanzan delicados y llegan a tu pecho, lo aplacan, protegiendo anillo a anillo el latido de tu corazón sumido en la ficción del devenir diario y que pide auxilio, ahogado, exhausto.

Son hebras de seda que te guardan. Laboriosas. Tejiendo incansables el destino que llevan impreso, marcado en siglos que las han antecedido. Formando crisálida, componiendo el envoltorio sutil donde permanecerás un tiempo para renacer mejor y nuevo. Tú y distinto. Pleno, sin temor.

Con hilos sueltos de vida, plata de estrellas, enmadejo el tejido que te envuelve, camisa del Hombre Feliz, coraza invisible, fresca y liviana armadura con que enfrentar cada nuevo día.

©Paloma

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martes, 12 de agosto de 2008

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Y hoy... ¡Qué tristeza!












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